Seleccionar página

Homo lupus

Como era de esperarse, el hombre lobo ha sido objeto de la más variada literatura, tanto popular como escritos cultos más formales y artísticos así como académicos.

Ha sido personaje de relatos tradicionales, fábulas, narraciones folclóricas y otro tipo de escrituras más o menos antropológicas que caen dentro del pastiche o el refrito.

Ha sido el héroe o antihéroe de poemas, canciones y otras formas líricas de lo más diversas en cuanto a estructura y extensión.

En ocasiones ha sido la figura central de los textos y en otras aparece en forma secundaria, tangencial, brevemente como una “curiosidad”, tal cual en ciertas obras de Ovidio y Virgilio.

De modo que, en ocasiones es el núcleo, la médula de una obra y, a veces una excusa. Un mero adorno, algo accesorio.

Lo cierto es que la explotación literaria de la licantropía como tema, no se ha detenido prácticamente desde que surgió el fenómeno mismo, incorporando nuevos modos de tratarlo.

El tópico se ha manejado una y otra vez con cierto nivel de arte dependiendo de las facultades de cada autor.

La creencia de las transformaciones de hombres y mujeres en animales se pierde, en efecto, en la noche de los tiempos y ha sido un asunto recurrente. Casi atávico.

Al decir “noche”, se hace con todo propósito y a ultranza en virtud de que el licántropo es eso precisamente: una aberración, un esperpento de la noche.

Ya en la Grecia clásica eran de lo más común los textos que trataban sobre las metamorfosis, no sólo de hombres sino también de dioses y semidioses.

Aunque el tema del vampirismo supera en número de creaciones literarias al del licántropo, sigue siendo copiosa la producción sobre el mítico homo lupus.

El cuento del hombre lobo

Hay que señalar que el género en donde hace mayor acto de presencia es en el cuento literario, es decir, el relato con cierto nivel de elaboración estética.

En la novela aparece con menor frecuencia. En todo caso, su terreno parece ser la literatura de ficción más que la histórica.

Son obras disparejas, es natural, porque algunas le dan más importancia a la anécdota, a lo que se cuenta, mientras que otras se orientan hacia lo descriptivo.

No hay que perder de vista que estamos ante un género de horror, o por lo menos de cierto nivel de suspenso y por lo general se adivinan presencias ocultas.

Ocultas sí, pero a la vez intuidas. La sola circunstancia de que casi siempre la noche esté presente, ya da cuenta del misterio que hay detrás de todo.

Aquí no hay “misas negras”, ni súcubos o íncubos; pero cierto matiz satánico se deja entrever en las líneas de lo narrado.

Algunos de esos cuentos parten de cierta narración antigua y la retocan para convertirla en un texto moderno, aunque apegándose lo más posible a la tradición.

Lo más seductor de la mayoría de los relatos de que hablamos, es que explotan ese desasosiego universal que es el miedo y exigen del lector cierto talento imaginativo, lo cual, contrario a lo que se piensa, no abunda.

Demandan al lector cierto desprendimiento de la vida cotidiana. Pocos son capaces de dejar sus rutinas diarias para hacer caso de los llamados del exterior.

Llamamientos aún más difíciles de seguir si se encuentran escritos o impresos y nos hablan de cosas, en primera instancia, inverosímiles.

La producción literaria sobre emociones y acontecimientos habituales, suele preferirse sobre aquella que trata de situaciones y eventos comunes y corrientes.

Incluso cuando se trata de deformaciones de tales condiciones habituales.

Los fenómenos cuyas causas y efectos el lector no entiende, como el del licántropo, despiertan en él reacciones confusas y poco concretas, que no cualquiera maneja.

Ahora bien, eso no significa que no existan historias acartonadas, tediosas, que suenen a falso y hasta melodramáticas. Las hay sin duda alguna. Y muchas.

Obras que no le hacen justicia o no saben explotar las ricas posibilidades de obtener un auténtico ambiente espectral gracias a las andanzas del hombre lobo.

Carecen de misterio y de horror en realidad. Pero también las hay excitantes y que provocan grandes palpitaciones durante la lectura.

Es muy difícil trazar una cronología exacta de los textos que tuvieron como eje al hombre lobo y, no es el propósito de este artículo el hacerlo.

Como puede inferirse también, no se puede esperar que tales narraciones se ajusten o sigan, así sea en forma sutil, un modelo teórico.

Sería un despropósito querer encontrar patrones que además, de nada servirían para encontrar el goce que se busca a los que son afectos al argumento de la licantropía.

Cada pluma creadora es distinta y tiene una forma particular de enfocar un tema que, por más fascinante que sea, tiene sus desventajas para obtener verosimilitud.

El factor más importante de todos, parece ser la atmósfera, ya que el criterio último para la autenticidad no reside en que una trama sea coherente, sino que se haya sabido crear una determinada experiencia.

Podemos decir que los relatos contemporáneos, de sesgo licantrópico, comienzan a partir del siglo XIX. El más antiguo parece ser de origen alemán aunque sólo se conoce su versión inglesa.

Nos referimos a un cuento escrito por Johann Apel, en la primera década del siglo, (ca. 1810) titulado The Boar Wolf, que podemos traducir como lobo-jabalí.

Se trata de una criatura imaginaria (aunque hay quienes afirman lo contrario) que combina características de ambos animales, y que se supone, mide tres metros de altura.

Este relato alcanzó un éxito sin precedentes en Inglaterra durante el año de 1840, y el cual hubo necesidad de reimprimir varias veces.

Otro título clásico es Hughes, the Wer-Wolf  (1838), relato escrito por Sutherland Menzies sobre un curioso hombre lobo inglés.

Otro equiparable al anterior en interés y soltura estilística es The White Wolf of the Hartz Mountains, y que data más o menos del mismo año.

Wagner, the Werh-Wolf, sea tal vez acaso la primera novela con el tema del hombre lobo como centro y es de G. W. M. Reynolds.

El problema del título anterior es que incluye casi ochenta capítulos y abarca tantas cosas que termina atentando contra lo narrado al exigir demasiada memoria por parte del lector.

Ya en el siglo XX tenemos a Luigi Pirandello con un relato de 1913, Male di Luna. Jessie Douglas Kerruish publicó The Undying Monster en 1922.

  1. Warner Munn, publicó en 1923 en una revista, la serie Warewolf from Ponket, inspirado por la obra de Lovecraft.

En fechas más recientes, Franklin Gregory es autor de The White Wolf de 1941. James Blish escribió en 1950 There Shall Be no Darkness.

En 1967, Clifford Simack con The Warewolf Principle.

En español también ha habido contribuciones importantes. Las argentinas Silvina Bullrich con El lobizón de 1976, y Sara Gallardo que aborda el tema con uno de sus cuentos de 1977, El país de humo.

No se intenta referir una lista completa de los cientos de textos y autores que recurrieron al hombre lobo, sino llamar la atención sobre sus alcances literarios.

Estas son sólo citas de algunas obras que, de alguna forma, resultan un muestrario de lo que se ha escrito sobre la materia y que, no lo dudamos, apenas son una sombra en virtud de lo poco que conocemos o nos ha llegado noticia.

Seguramente hay más. Mucho más en otras lenguas y otras latitudes.

Summary
El hombre lobo en la Literatura
Article Name
El hombre lobo en la Literatura
Description
El personaje del hombre lobo ha marcado la historia de la literatura con miles de libros y cuentos.
Author
Publisher Name
MundoHombreLobo.com
Publisher Logo