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La mancuerna del mal

La verdad es que no son muy bien avenidos, aunque a veces se trate de propiciar una relación solidaria entre ellos, como aliados y en aras de cometer tropelías a dúo.

Se les suele ver como rivales o como una suerte de congéneres aunque sean de naturaleza distinta y muestren hábitos de conducta casi opuestos.

Por supuesto hay similitudes: ambos son noctámbulos y son adictos a la sangre. Los dos suelen tener los sentidos muy desarrollados, aunque quizá el hombre lobo en ese aspecto tenga ventaja.

La plata tiene un efecto nocivo en este par de seres demoníacos así como el olor del ajo, aunque esto último parece ser más bien un embuste ñoño y sin sustento según las tradiciones.

Un punto más en común: ambos pueden transmitir su maleficio a otro ser humano mediante una mordida y continuar la proliferación de la especie.

En muchas ocasiones se ha intentado yuxtaponer tanto sus personalidades como sus poderes. La verdad, el resultado no convence.

Recordemos que la novela Drácula de Bram Stoker, con su pobreza técnica y narrativa que a punto está de echar por tierra muchos de sus hallazgos, contiene invenciones que se han convertido en patrones.

El vampiro de Stoker está muy alejado del vampiro “fuente” o el de origen: Vlad Tepes el Empalador. No sólo por los siglos, sino por las costumbres y las facultades para hacer el mal.

Esta novela gótica por excelencia, tiñe de cierto romanticismo las actitudes de un ser que se supone, es la encarnación del mal, aunque por momentos parece dulcificarse.

A este texto le debemos la creencia de que los vampiros pueden transformarse en lobos aunque no exista ninguna crónica del pasado que lo corrobore.

Veamos. El vampiro por lo general es visto como alguien de porte aristocrático, con modales refinados, de buen gusto para vestir, amante de los mejores vinos y… por lo general, mujeriego.

El hombre lobo en cambio, es desaliñado, zaparrastroso, termina desnudo después de incurrir en sus fechorías. El aspecto hirsuto de su pelambre repele y repugna.

Gruñe y aúlla. Así como anda en dos patas, puede andar con cuatro y adquirir una traza más bien grotesca.

Quienes nunca hemos estado cerca de un hombre lobo, podemos estar seguros de que apesta incluso a varios metros de distancia.

Hay quien le atribuye al licántropo cierta vulgaridad, una ordinariez que lo envilece ya que suele atacar al ganado; circunstancia que el vampiro parece eludir en la medida de lo posible.

El vampiro es un no-muerto, algo o alguien a mitad de camino entre un ser vivo y uno muerto. Para él las puertas y muros no son problema: puede atravesar cualquier obstáculo.

El hombre lobo en cambio tiene un cuerpo. Si lo encierran con cadenas y candados, tal vez pueda valerse de su poder y fuerza para liberarse, pero por un momento al menos, está sometido físicamente. Es un ser vivo mientras su corazón palpite.

No puede trasponer muros con la elegancia y despreocupación del vampiro, en caso de hacerlo, tiene que recurrir a su vigor para echar abajo el impedimento, y a veces no lo logra.

El hombre lobo, si sobrevive a sus maldades y perseguidores, puede llegar a viejo. El Vampiro en cambio, permanece inmutable. Siempre galán y apuesto. O por lo menos, sin arrugas.

Sin embargo, el vampiro está condenado a no ver reflejada su gallardía en el espejo, mientras que el hombre lobo lo está para ver su fealdad en él.

El vampiro es un ser de las tinieblas a quien la luz solar debilita al grado de menguar sus poderes; el hombre lobo, en su forma natural, puede realizar cualquier actividad sin problema alguno.

El vampiro por lo general está consciente en todo momento de su índole sobrenatural, mientras que el hombre lobo no.

Si se le muestra una cruz cristiana a un vampiro, de seguro se revolcará como si le hubieran arrojado una olla de aceite hirviendo, hasta engurruñarse como sanguijuela recién sacada del agua.

En cambio, ante una cruz, el hombre lobo es capaz hasta de santiguarse y proseguir con su ataque sin inmutarse. Despreocupado y ávido de sangre como si nada.

Con el tiempo el hombre murciélago ha ido perdiendo sus cualidades animales, en tanto que el engendro lupino no.

El hombre lobo no es inmortal, el vampiro sí.

¿Cuál de los dos inspira más miedo: el Hombre Lobo o el Vampiro?

La verdad es que a nadie le gustaría toparse con estas dos criaturas juntas en un callejón oscuro.

En realidad enfrentaríamos a tres: hombre, lobo y murciélago.

Pero para ser honestos, sus rasgos morfológicos se han ido desdibujando con el paso del tiempo para dar lugar a ciudadanos con aspecto común y corriente que pueden confundirse entre el tumulto del metro.

Al toparnos con ellos tendríamos como verdugos a quienes obtienen su energía a base de nuestra sangre y la de otros.

Lo más notable es que para ellos el concepto de pecado no existe. Hacen lo que hacen porque lo precisan para sobrevivir. No hay un raciocinio detrás de su maldad.

Se da simplemente.

Para el hombre de a pie, el de la calle, la sangre y el aliento vital que proporciona, son las tensiones dinámicas que hacen posible la vida. Estas dos fuentes confluyen de tal manera que llegan a confundirse y a significar prácticamente lo mismo.

El vampiro, especialmente, lo sabe.

“La sangre”, dice Mefistófeles en Fausto, “es un fluido muy especial”.

Por lo menos lo es para nosotros y estos dos seres legendarios y misteriosos.

¿Rivalidad o alianza?

La idea de asociar o contraponer al vampiro y el hombre lobo es algo absolutamente moderno. No hay ninguna referencia en el pasado de que esto ocurriera.

Históricamente, ambos personajes han transcurrido en forma separada con sus respectivos crímenes, hábitos, costumbres y castigos (humanos o divinos).

La noción de que la mordedura de un hombre lobo es capaz de aniquilar a un vampiro, es un producto de la televisión y el cine. Para colmo, estadounidense.

Debe admitirse: el cine y la televisión han contribuido muchas veces para presentarnos una imagen empobrecida y a veces degradada de nuestros dos héroes.

Incluso se ha llegado a recurrir a elementos caricaturescos para ridiculizar a estos seres, cuya tradición en el anecdotario popular de muchas civilizaciones, si no los exalta, tampoco los parodia o satiriza.

No sorprende pues, la elaboración de híbridos de dudosa factura que amalgaman las particularidades y atributos de los dos, con resultados que provienen más bien del devaneo cibernético que de la destreza artística humana.

La bastardía no termina ahí. Han aparecido seres mitad vampiro, mitad humano. O bien un tanto de hombre lobo y otro de mortal.

Pronto surgirán criaturillas con un cuarto de vampiro, licántropo, hombre y mariposa; para dar paso a lo más heterogéneo de la creación, como no se había visto desde que la vida en el planeta se inició.

Pero en la historia no hay evidencia de que vampiros y hombres lobos se vincularan y formaran una especie de club.

En la genealogía de ambos seres no aparece, al menos en forma seria o convincente, de que alguna vez acometieran acto o desafuero al alimón.

Quizá la razón de este extraño coctel se deba a la película Inframundo (Underworld de Len Wiseman) del año 2003, en donde se entabla una batalla campal entre vampiros y hombres lobo.

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Un dueto espeluznante: el Hombre Lobo y el Vampiro
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Un dueto espeluznante: el Hombre Lobo y el Vampiro
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El hombre lobo y los vampiros, algunos los pintan como rivales, otros como aliados. Entra y enterate su verdadera relación.
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